Entrevista con Elisa Ávila: Siempre Hay Algo Más

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Elisa me avisó que llegaría 15 minutos tarde a nuestra cita, pero qué bueno que yo llegué temprano porque se apareció justo a la hora pactada originalmente y ni un minuto después. Esta mujer acelerada y comprometida es Elisa Ávila Legaspy.

Psicóloga de profesión y de vocación, co fundadora y miembro del patronato de ARENA, esposa y madre de dos jóvenes adultos, Elisa está terminando una maestría en Psicoterapia Breve Sistémica. La invité a esta entrevista porque percibo que su filosofía profesional tiene una profundidad poco común, ya que permea su vida diaria de manera muy auténtica y quise encontrar su secreto. Lo que surgió fue una plática interesantísima para mí que espero poder compartirles lo más fielmente posible.

Yo: ¿Qué te llevó a querer hacer esto si ya tu vida y tu terapia eran estables?

Bueno, en este momento de mi vida familiar tengo más tiempo y decidí hacer algo para actualizar mis conocimientos. Muchas de las teorías que maneja el enfoque sistémico apenas estaban gestándose cuando yo estudié la carrera. En lo personal, fue un reto muy interesante el aprender a soltar formas y estilos para adaptarme a nuevos conocimientos y prácticas, aunque fue un gran esfuerzo. ¡Hasta siento que se me inflamó una parte del cerebro! – Nos reímos.

Y luego, hay algo que siempre he tenido en mente: nada está escrito en piedra. Cuando mis hijos estaban pequeños y me daban un consejo el doctor o el maestro, yo pensaba “eso dicen ahora, pero estoy segura de que hay más”. Ahora con los años, me doy cuenta de que tenía razón. ¡Nada es definitivo! Esa actitud de inquietud o de escepticismo siempre la he tenido, aunque no siempre he tenido el valor de expresar mis dudas. Cuando era chica, no lo tenía…

Yo: ¿Y qué te lo dio?

Creo que cuando me empecé a ver en escenarios más sola, teniendo que tomar decisiones, aunque con temor, fui creyendo más en mí misma, en mi intuición. Ahora creo que hay una intuición en cada persona, producto de su experiencia y sus aprendizajes, que te da información de lo que debes hacer, sin embargo, muchas veces no le hacemos caso, no le damos credibilidad. El aprender a hacerle caso y darle valor es lo que nos va haciendo capaces de actuar de acuerdo a lo que creemos y de confiar en nosotros mismos.

Eso me gusta de la Psicoterapia Sistémica, tomar en cuenta que la solución viene siempre del cliente y de sus recursos, de esa intuición que no se ha dado cuenta que tiene pero que puede aprender a descubrir y a utilizar.

Algo que ayuda es pensar en las excepciones, pensar cuándo si: cuándo si he logrado eso que quiero, cuando sí me he sentido bien, etc. Al hacer conciencia de esa experiencia previa, la persona se da cuenta de que tiene esa posibilidad en sus recursos, lo que brinda una sensación de poder maravillosa capaz de superar sentimientos de impotencia, temor o inseguridad.

Yo: ¿Cuál fue tu reto personal en esta maestría?

Para mí el reto fue implementar un nuevo formato, un nuevo estilo de hacer psicoterapia. Tuve que aprender a alejarme de pensar en el problema para enfocarme en las soluciones. En este enfoque hay un momento para hablar del problema, pero también hay un momento para hablar de lo positivo de la persona, independientemente del problema. Esto da mucho poder, porque se da cuenta que él sigue siendo una persona valiosa y con recursos a pesar de todo.

Cuando estudié psicología, nos enseñaban que el psicólogo era el que sabía y el paciente era el “pasivo” que recibía la sabiduría del terapeuta. A mí eso me parecía demasiada responsabilidad porque es imposible contar con toda la experiencia que una persona pueda necesitar. Esa inquietud me llevó a elegir un programa enfocado a la psicología educativa, donde buscábamos encontrar los talentos y vocación de los jóvenes, entre otras cosas. Ahí tenía que trabajar también con los papás y aprendí que los cambios se daban mejor si se trabajaba en equipo. Eso me hizo darme cuenta de que la familia era crucial para generar cambios en las personas. La familia es clave.

Yo: ¿Qué piensas de la jerarquía en el sistema familiar?

Es muy importante y vital. En cualquier sistema vivo, las funciones de cada parte se complementan, de igual manera, las funciones de esposos, padres, hijos, hermanos, e incluso de abuelos y más parientes, se complementan o se coalicionan. Vienen a la mente varias situaciones en las que aparecen los problemas porque los padres ceden el poder (reglas, límites, etc) a los hijos o, cuando los padres ceden el poder a los abuelos sobre sus propios hijos. Esta “inversión” de funciones provoca dificultades a veces imperceptibles pero que, a mediano y largo plazo, pueden traer consecuencias difíciles y dolorosas para el mismo sistema.

Claro, la jerarquía también pasa por etapas (ciclos de vida) y si cuando los hijos van creciendo, los papás queremos seguir ejerciendo el mismo poder, se desaprovechan oportunidades “de oro” para que cometan sus propios errores y vivan sus consecuencias, con las cuales aprenden, valoran y maduran para que, eventualmente, ejerzan su autonomía e independencia de forma responsable.

Desde pequeños y en lo cotidiano, algo importante es darles a nuestros hijos confianza y expresarles mensajes de que su esfuerzo es bueno y es suficiente (y nosotros creerlo) ya que, muchas veces, por evitar que “sufran” exponiéndose al rechazo o desaprobación, les ayudamos de más y les trasmitimos con esto la idea de que no pueden hacerlo ellos con su propio esfuerzo.

Yo: ¿Qué efectos ha tenido esto en tu vida personal?

Ha sido enriquecedor, porque yo he sido muy “preocupona”, siempre procurando que todos estén bien o que nadie sufra. Ahora me queda muy claro que las posibilidades, así como la responsabilidad está en cada uno; ahora entiendo que la forma “preocupona” de ser, puede restarle al otro la oportunidad de activar sus propios recursos y de creer en sí mismo.

Yo: ¿Cuál ha sido tu aprendizaje principal de todo este proceso?

Que no todo está escrito y que nadie tiene toda la verdad. Eso me relaja, me hace confiar y me hace aceptar mejor las cosas como son. También que no hay persona que no quiera ser feliz. No hay personas que sean “malas” simplemente por decisión. Siempre hay una razón detrás. Bajo esta perspectiva no puedes ni debes juzgar porque entiendes que las personas son como son por lo que han vivido, y su verdad la creen  porque tienen su propia visión de las cosas, igual que mi verdad.

Eso y creer en un Dios, en un Dios amor que nos creó para ser felices y dar lo mejor que tenemos cada uno para el bien de todos.

Nos faltó tiempo para seguir platicando, pero con esto nos despedimos. Me quedo con la sencillez con la que Elisa nos habla de conceptos como intuición y confianza, la sencillez que le da el comprenderlos bien y el haberlos hecho vida. Además, me quedo con esta técnica de buscar la excepción, preguntarme cuándo si logré solucionar una situación conflictiva y concentrarme en eso para intentar descubrir los recursos que tengo que movilizar de nuevo.

Sus aprendizajes principales también resuenan en mí: confiar en Dios y seguir buscando nuevas formas de ser mejor y de entender mi misión como ser humano en esta vida.

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