Libro: El Arte de Ser Feliz

El Buscador 2Autor: Ignacio Larrañaga

Ignacio Larrañaga, sacerdote, escritor y creador de los famosos talleres de oración y vida, nos dejó 16 libros inmensamente valiosos y “El arte de ser feliz” no es una excepción. En él aborda, con mucha objetividad, la realidad de la vida humana, plagada de conflictos, rencores, envidias, limitaciones y tristezas y propone una manera de vivir feliz y plenamente al transitar por este “bosque infinito de hojas muertas”.

Primero que nada, Larrañaga habla de las fuentes del sufrimiento e inicia por la fuente interior, esto es, el pensamiento. Dentro de nuestra propia cabeza ocurren nuestras peores tragedias. Por un lado, nos causamos dolor al resistir la realidad que no deseamos, transformándola en fracasos que nos van hundiendo en sentimientos de inferioridad, resentimientos e inseguridad; todo producido por nuestra mente. Por otro lado, nuestra mente produce dolor al interpretar nuestras vivencias y provocarnos angustias, guerras internas, recuerdos amargos y otras delicias. Todo esto no son flechas que nos lanzan desde fuera, dice el autor, sino que nos vienen muy desde dentro.

Por si esto fuera poco, el padre Ignacio reconoce que también existen fuentes externas de conflicto o dolor puesto que en las relaciones humanas comúnmente se encuentran diferencias que pueden producir estos efectos.

Afortunadamente, esto no termina aquí sino que el religioso capuchino nos enseña que hay cuatro herramientas que nos pueden aliviar de este sufrimiento:

La primera puede resumirse en esta frase del autor: “Relativizar es objetivizar”. A lo que se refiere es a que cuando vivimos un suceso complicado, éste ocupa toda nuestra conciencia y nos parece que esa es toda nuestra realidad para siempre. Nos es difícil en el momento doloroso poner distancia o perspectiva para entender que eso que estamos viviendo va a ser solamente un episodio pasajero en nuestra vida. Hacer conciencia de que eso que nos sucede pasará reduce en gran medida nuestras angustias.

La segunda herramienta trata de dejar de aferrarnos a lo imposible y atender solamente lo que se puede cambiar. Suena sencillo pero la mayoría de la gente pasa años intentando cambiar algo antes de darse cuenta de que no le está resultando posible y tal vez debe cambiar su plan de acción. Sobre esto, Larrañaga afirma que hay cosas en la vida que no vamos a poder cambiar. Ya sea que se trate de personas, enfermedades, circunstancias de la vida o incluso cosas que hicimos o que nos hicieron en el pasado, hay veces que el trabajo no es cambiarlo sino aceptarlo. Es desgastante e inútil luchar contra lo que es. Un trabajo de aceptación libera y elimina la sensación de fracaso o humillación que pudiéramos tener, transformándolos en paz y esperanza.

En la tercera herramienta, el autor trata sobre obsesiones o angustias que ocupan la mente y nos mantienen en un permanente estado de tensión y negativismo. Ante esto el religioso propone recuperar el control de nuestra mente mediante ejercicios de meditación o vació mental. Además, sugiere reconocer que en realidad, como seres humanos, somos muy limitados y no podemos tener siempre éxito o siempre el control en todas nuestras vivencias. Posteriormente, agrega que hay que “declarar la guerra a los ensueños, desplumar las ilusiones y avanzar hacia la serenidad”.

Opino que el autor dejó la herramienta más importante para el final: desasirse o como me gusta decir a mí: soltar. En sus propias palabras: “Hay que luchar con pasión en la vida, es verdad, con pasión si pero también con paz, sin esclavitudes ni ansiedades, sin permitir que las cosas nos dominen ni nos esclavicen.”  Lo que recomienda es poner manos a la obra y hacer lo más que podamos, entendiendo que los resultados no dependen solamente de nosotros y aceptando esa realidad con paz y confianza.

En mi opinión, el padre Ignacio intenta con este libro recordarnos que podemos vivir alegres, a pesar de que la vida no siempre lo sea, si conservamos una mente abierta y optimista y dejamos de luchar contra lo que no podemos cambiar. Para mí, una muy valiosa lección. ¿Qué opinas?

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