Cuento: El cántaro rajado

Cantaro rajado 2

Por: Autor desconocido

Un repartidor de agua en la India llevaba agua en dos grandes cántaros que, colgados en los extremos de un palo, cargaba sobre sus hombros. Uno de los cántaros estaba agrietado, mientras que el otro estaba perfecto y conservaba toda el agua hasta el final de la caminata, desde el arroyo hasta la casa del maestro. En cambio, el cántaro rajado llegaba sólo con la mitad del agua.

Así sucedió diariamente durante dos años: el repartidor entregaba sólo un cántaro y medio de agua en la casa de su maestro. Desde luego, el cántaro buen estaba orgulloso del perfecto cumplimiento de su tarea. La pobre vasija agrietada, en cambio, estaba muy avergonzada y se sentía miserable porque sólo podía cumplir con la mitad de lo que se suponía era su obligación.

Después de dos años, el cántaro rajado le dijo al aguador:

– Estoy avergonzado de mí y quiero disculparme contigo.

– ¿Por qué? ¿De qué estás avergonzado?- preguntó el repartidor.

– Porque debido a mis grietas sólo puedes entregar parte de mi carga y así sólo obtienes la mitad del pago que deberías recibir- dijo el cántaro.

El repartidor sintió pena por el viejo cántaro rajado y le dijo compasivamente:

– Cuando regresemos a la casa del maestro, observa las bellísimas flores que crecen en la orilla a lo largo del sendero.

Cuando volvieron a la casa del maestro, el cántaro viejo se dio cuenta de las hermosas flores que crecían del lado del camino que le correspondía. Y esto lo animó un poco. Pero al final del trayecto, todavía se sintió mal por haber llegado con sólo la mitad de su capacidad, y nuevamente pidió disculpas por sus fallas.

El repartidor le dijo entonces:

– ¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en la orilla del camino que te corresponde? Siempre he sabido de tus grietas y quise aprovecharlas. Planté semillas de flores en tu lado del camino y, cada mañana, mientras caminábamos sobre el sendero, las regabas lentamente. Durante dos años, he podido recoger estas hermosas flores para decorar el altar de mi maestro. Si no fueras como eres, no hubiera sido posible crear esta belleza.

Para Reflexionar:

Cada uno de nosotros tiene sus grietas personales. Nadie es perfecto. En lugar de esconderlas o sentirnos mal por ellas, debemos saber que esas grietas son las que nos permiten cumplir la misión que tenemos en la vida. Nuestros puntos débiles tienen un propósito y, si encontramos la manera de aprovecharlos, tendremos los mejores resultados.

¿Puedes reconocer alguna de tus grietas? Si pensaras en ella como una cualidad, ¿de qué podría servirte? ¿Qué necesitas hacer para usarla de ese modo?

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