Cuento: Parque de Suposiciones

Parque de diversiones AUTOR: MARTHA LÓPEZ

Llegué del parque de diversiones exhausta. El día había sido más caluroso de lo que se había pronosticado y sentía la ropa húmeda y pegada al cuerpo. Lo único que quería era meterme a bañar, pero los niños estaban hambrientos y me dispuse a preparar la cena.

Aunque pasar el día en ese lugar haciendo filas y cuidando a mis hijos en el gentío me disgustaba bastante, había ido con gusto cuando mi marido lo había sugerido. A Luis le encantaba llevar a los niños y subirse a todos los juegos con ellos, no sé quién de los tres se divertía más. Éstos también disfrutaban enormemente de la diversión y de las golosinas que ahí comprábamos y verlos felices siempre me hacía sentir muy bien.

Para terminar el día de la mejor manera, cociné unas tostadas de pollo que a mi hijo mayor le encantan y la salsa que le gusta a mi marido, aunque para esto tuve que ensuciar la cocina más de lo que hubiera querido.

Al final, después de recoger todo, pude disfrutar de la tan esperada ducha, aunque tuvo que ser corta porque ya casi no quedaba agua caliente.  Ya empezaba a sentirme fresca de nuevo, cuando tuve que bajar al sótano a buscar las bolsas de dormir para mis hijos que salían de campamento la siguiente semana y necesitaban ser lavadas, lo cual provocó que me diera cuenta de que había nuevamente humedad en el muro que da al jardín.

– ¿No se supone que habías arreglado la humedad que se mete al sótano por el jardín? – le pregunté algo molesta a Luis, quien tenía una hora sentado en la sala frente al televisor viendo un partido de fútbol, cuando salí del sótano.

– Si, ya lo arreglé hace unos meses- me respondió extrañado.

-Pues de nuevo está todo húmedo- contesté.

– No te apures, mañana lo reviso. ¿Me pasas una servilleta porfa?

Lo observé, sentado con los pies en la mesa de centro y con una cerveza goteando en la mano, mientras yo llevaba una bolsa de dormir en cada mano y las toallas limpias, que de paso había recogido en la lavandería para subir a guardar, y no pude contenerme.

– ¿Es broma? – contesté enojada – ¿en lugar de levantarte a ayudarme me pides algo? Después de pasarme todo el día en el dichoso parque de diversiones para darte gusto, ¿así es como me lo agradeces? ¡Ni siquiera me ayudaste en nada con la cena!…

– ¿Al parque de diversiones para darme gusto? ¿Qué dices? – exclamó con una carcajada – ¡Si a mí ni me gusta ir a ese lugar! Está lleno de gente y la comida es horrible, no entiendo que hayas pensado que yo quería ir.

– ¡Pero si tu dijiste que querías ir al parque! – le respondí confundida y muy desesperada.

– Si, ¡pero porque sé que a los niños les encanta! Por eso lo sugiero de vez en cuando, ellos disfrutan muchísimo de los juegos y lo hago por verlos felices. ¿Tú crees que disfruto del gentío y el calor?…

Mientras los padres discutían, los dos hijos en su habitación voltearon a verse y se quedaron un momento en silencio.

– ¿Por qué se están peleando mamá y papá? – preguntó el más pequeño de pronto.

– No sé, – le contestó el mayor – yo pensé que mamá iba a estar feliz porque fuimos al parque de diversiones.

– Si, se nota que le gusta mucho, ¿verdad? Ojalá no nos llevara tan seguido, a mí me cansa.

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