Autoconocimiento Liberador

Autoconocimiento 2

No hay nada como la sorpresa de descubrir algo sobre mi misma que ignoraba: esa sensación de asombro al darme cuenta por fin de por qué me siento como me siento con alguna persona o cuando escucho o veo algo determinado; ese descanso mental de entender por qué actúo como lo hago ante alguna circunstancia. Esa es, para mí, la señal clara del crecimiento interior.

Por eso soy tan fiel promotora del autoconocimiento. Pienso que nos pasamos la vida colgados de millones de hilos, como títeres en un teatro infantil. Si se estira uno de ellos, veo mi mano moverse, o mi ceja elevarse y nada de esto parece ser mi propia decisión sino la de otro. Decimos “es que él…”, “es que ella…” y creemos verdaderamente que es por culpa de otros que hacemos las cosas: nos “estiran los hilos” y no nos queda más remedio que hacer lo que el otro quiere.

En cambio, conocerme a mí misma me libera. Cada vez que reconozco mi participación en alguna situación, suelto un hilo de los que antes me ataban y me convierto en dueña de esa pequeña parte de mí misma. “Desenredo la madeja” en palabras de John O. Stevens, famoso Gestaltista y autor del libro “El darse cuenta”. Además, él describe ese ejercicio de tomar conciencia de uno mismo como “comenzar a colocar las cosas en su sitio dentro de mí y en los demás.”  La sensación es la de quitarse de encima un gran peso: ya no tengo que hacer esto o aquello que siempre hago y que no funciona, ya no tengo que reaccionar… ¡ahora puedo decidir qué hacer! Hasta respiro más ligera sólo de pensarlo.

Claro, hay otro lado a esta libertad: la responsabilidad. Que sencillo es ir por la vida culpando a otros de lo que hacemos o hemos hecho. Y más sencillo es sentarme en la vida  a esperar que otros cambien para poder vivir yo mejor. La libertad implica que yo asuma la responsabilidad por mi situación de vida presente, sea la que sea, y por el estado actual de mis relaciones personales, sean como sean. Además, será necesario que yo esté dispuesta a hacer lo necesario para cambiarla. Sí, yo, independientemente de lo que otros hagan.

Como digo, nada es igual a esa luz que recibo cuando al fin entiendo algo sobre mí misma. No se compara con aprender una lección ni con mejorar algún aspecto personal o cumplir un reto. No hay nada como el autoconocimiento.

Bueno, tal vez solo haya una cosa: ver a un hijo empezar su propia liberación.

                                                                                         

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