Escucha Espacial

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No conozco mucho sobre el espacio, es más, diría que conozco muy poco sobre él. Sin embargo, yo pienso igual que los filósofos que afirman que el universo entero está contenido en cada hombre y mujer y para comprender el funcionamiento total del cosmos, sólo hay que comprender a los seres humanos y su comportamiento… Sólo… en fin.

Hoy quiero invitarlos a hacer una comparación de este tipo que tal vez nos ayude a comprendernos mejor: la de observar las similitudes entre el oído humano y los agujeros negros.

Los agujeros negros u “hoyos negros” que existen en el espacio de acuerdo a las investigaciones de científicos tan reconocidos como Einstein o el ahora, gracias a Hollywood famoso Steven Hawking, son objetos de una masa inmensa pero contenida en un lugar muy pequeño. Como si metiéramos el sol dentro de una pelota de soccer. Por esa relación entre masa y gravedad, tienen una fuerza de gravitacional extrema, tanta que nada puede escapar de ellos una vez que entra, ni siquiera la luz.

Observemos ahora el oído del hombre: ¡cuántas cosas caben en él! Ya lo decía Felipito, maravilloso personaje de las historietas de Mafalda: traer los oídos siempre puestos tiene algunas desventajas, como estar expuesto a escuchar comentarios de todo tipo. Así, a nuestro oído entran mentiras, verdades, chismes, chistes o simple ruido y éste absorbe los sonidos como si tuviera gravedad y nunca vuelven a salir. Lo que ya una vez escuchaste, no puedes desoírlo jamás. Me consta, yo tengo adentro la música de reggaetón contra todos mis deseos.

Hay otra característica de los “hoyos negros” que es interesante: de acuerdo a las últimas investigaciones realizadas en la Universidad de Princeton, éstos absorben partículas con carga similar a la que tienen. Así, un agujero formado por elementos con carga positiva, tenderá a absorber sólo los de carga semejante y aquellos que tienen elementos de carga negativa, solamente dejarán pasar electrones negativos. ¿Les suena conocido esto?

¿Les ha pasado que están con otra persona escuchando a una tercera y las dos oyen algo diferente? La realidad es que escuchamos lo que nos conviene o lo que más se parece a lo que pensamos que vamos a oír. Si tenemos una opinión o creencia, escucharemos solamente aquello que la confirme y si a nuestro lado hay alguien con una creencia contraria, mágicamente escuchará también lo que confirme la suya. Sin darnos cuenta, nuestro oído elegirá aquello que va consigo y desechará el resto, lo que nos hace inevitablemente parciales.

Hay algo más en los descubrimientos recientes sobre los misteriosos agujeros espaciales que me ha llamado la atención y es que están sujetos al principio de la entropía que dice que todo lo que existe tiende a terminar tarde o temprano. La buena noticia de esto es que todo lo que estaba atrapado dentro, algún día podrá salir… la mala noticia es que esto puede tardar trillones de años.

En la escucha humana, si bien no hay manera de que lo que entre pueda salir, sí hay una opción para lograr que se transforme: se llama hacer conciencia. Ésta puede convertir la información que recibe nuestro oído en material valioso para nuestro crecimiento y realización. La buena noticia es que esto puede tardar un segundo… la mala es que es necesario un elemento muy difícil de encontrar: la humildad. Humildad para cuestionar lo que creemos que escuchamos.

Si dejamos de estar cien por ciento seguros de que lo que nosotros pensamos en la realidad total y de que lo que nosotros escuchamos es lo que en verdad se dijo, podremos estar abiertos a tomar en cuenta otras opciones y a ampliar nuestras ideas. La humildad es la llave maestra que logra que bajemos la guardia y dejemos de aferrarnos a aquello que nos separa de los demás.

Hacer conciencia no es cuestión de desechar o negar lo que creemos, al contrario, se trata de observarlo, entender de dónde viene y elegirlo no por miedo sino libremente. Al mismo tiempo, observar las creencias de otros y considerarlas como igualmente respetables por el simple hecho de que pertenecen a otro ser humano, hermano nuestro en este planeta Tierra.

Si logramos que la tremenda fuerza gravitacional de nuestro ego no intervenga, si realmente logramos ver a ese otro tan diferente como a un igual a nosotros en todo, entonces tal vez pueda la luz por fin escapar desde dentro y el entendimiento brille.

El ser humano es fascinante para mi, tanto como lo es el espacio e igual de misterioso. Al intentar conocernos mejor, descubriendo lo que guía nuestra conducta y entendiendo lo que nos hace reaccionar, asustarnos, odiar y hasta amar, logramos aprender que siempre tenemos opciones de actuar y pensar diferentes y tal vez mejores. Si cambiamos nosotros, cambiará también el universo entero.

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2 Comments

  1. Típico que escuchamos lo que nos conviene, me gusto mucho la lectura y la comparación es excelente.

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