Lenguaje Interior

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Me tardé mucho tiempo en conocerlo y aún soy una aprendiz de este idioma, pero me esfuerzo porque he confirmado de primera mano la enorme riqueza que agrega a la vida de una persona el lenguaje interior: esa sensación extraña que de vez en cuando nos hace decidir algo sin saber por qué o sentirnos incómodos en algún lugar sin entenderlo y la intuición que viene de la información que recibimos inconscientemente mediante nuestras sensaciones corporales.

El movimiento de la Era de la Razón generado en el siglo XVIII, fue un parteaguas en la manera como el hombre se conocía a sí mismo y al mundo. Antes de esto, todo conocimiento era dictado por el misticismo religioso y por las supersticiones que plagaron la Edad Media. Así, surgieron en la época muchas corrientes de pensamiento y pensadores que fortalecieron el uso del razonamiento libre e independiente.

Sin embargo, nos equivocamos al pensar que este fue el momento culminante en la evolución del hombre. El haberle dado tanto poder a la razón nos ha privado de otras formas de adquirir información que tenemos y el lenguaje interno, lo que nuestro cuerpo nos dice sobre el mundo, es una de ellas.

La semana pasada hice el siguiente ejercicio con un grupo de alumnos: les pedí que cerraran los ojos y visualizaran frente a sí mismos a su padre. Les pedí que lo vieran alto, grande y fuerte y que vieran en él una mirada de profunda ternura hacia ellos. Independientemente de las ideas que pasaron por sus mentes, los alumnos comentaron haber sentido fuerza, aceptación y protección en ese momento. Lo más interesante del ejercicio es darnos cuenta de que nuestro cuerpo experimenta todo el tiempo sensaciones muy variadas y éstas nos dan información sobre nosotros mismos y sobre nuestra visión del mundo.

El problema con no escuchar lo que nos dice esta intuición es que nos limita la información a la hora de decidir. Numerosos estudios realizados a víctimas de asaltos y abusos han reportado que éstas pudieron percibir algo peligroso en la situación antes de ser atacadas. Es más, el uso de la intuición es una de las herramientas más recomendadas en los programas de defensa personal en el mundo. Lo que sucede es que percibimos el peligro pero tratamos de razonarlo y argumentamos su falta de lógica. De esta manera, los gritos de nuestra mente ahogan nuestras demás percepciones.

Y utilizar la razón es algo bueno, lejos estoy de negarlo, pero no es todo. En nuestra mente existen miles de creencias que nos ayudan a simplificar la realidad por un lado, y que la limitan, por otro. Si yo tengo la creencia de que tomar el camino más corto hacia un lugar es lo mejor, y pretendo tomar un atajo en la media noche por un callejón oscuro, mi lenguaje interior me mandará señales de alarma, pero si sólo escucho lo que mi mente dice, no haré caso y me expondré al peligro.

La solución entonces es aprender este lenguaje. Para empezar, les propongo el siguiente ejercicio:

Dense cuenta de cómo se mueven. Si continuamente sacuden un pie o una pierna o si se muerden las uñas, por ejemplo, pregúntense qué emoción les lleva a hacer eso. Cierren los ojos, vacíen su mente y repasen todas las emociones que conocen hasta que den con la que sienten. Les aseguro que verán cambios.

Todas las eras que han surgido a través de la historia tienen su principio y su final. Yo pienso que el final de la Era de la Razón está cerca. En su lugar, con suerte surgirá una era en la que seamos conscientes de que somos mucho más que un cerebro andante: fuimos creados con una profundidad y un poder que aún no logramos imaginar.

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