¿No te gusta obedecer?

Obedecer

Desde la página 58 supe que no iba a ser un buen libro. Era muy técnico, despersonalizado y redundante. Sin embargo, llegué hasta la página 162 antes de dejarlo. Y entonces me di cuenta del patrón.

Hace apenas una semana, una señora me estaba platicando de lo enojada que estaba consigo misma por ser tan obediente: cuando alguien le decía lo que debía hacer, lo hacía sin preguntar. En caso contrario, sentía una culpa terrible y usualmente terminaba de todas formas haciéndolo. Recordaba algo desesperada que, en su infancia, seguía las instrucciones de sus padres sin chistar. Más adelante, empezó a obedecer a su marido y ahora, sentía mucho enojo porque se daba cuenta de que estaba siguiendo las órdenes de sus hijos y de la sociedad aún en contra de su buen juicio.

Lo extraño es que, cuando la escuchaba, no me sentí identificada. Yo siempre me he considerado una persona más bien rebelde y cuestionadora. Pero ¿qué es lo que me hace leer 104 páginas de un mal libro por el simple hecho de haberlo empezado? Lo mismo que me hace terminar de ver una película que no me gusta o acabarme un platillo regular en un restaurante: la idea de que si ya lo pedí/compré/empecé, lo tengo que terminar porque en mi cabeza se escucha una vocecita aguda que me dice ” ahora te aguantas”… y a esa es a la que yo obedezco sin darme cuenta.

Como he contado antes, cada año suelo dedicarlo a algún aprendizaje específico. Este, mi año de vida número 50 lo dediqué a aprender a apreciar. Apreciar lo que la vida me ha dado durante 365 días ha sido un ejercicio sumamente enriquecedor e invaluable que les resumiré en otro momento, pero hoy, el penúltimo día de mi año dedicado a apreciar, agradezco esta lección final que recibo: el ejercicio de apreciar no está completo si no logro apreciarme a mí misma.

El asunto es que todos pensamos que tenemos autoaceptación y autovaloración positivas, pero de pronto nos enganchamos cuando alguien nos rechaza o sacrificamos nuestro precioso tiempo en algo que no queremos hacer, por mencionar sólo dos ejemplos, y esas son claras señales que indican lo contrario.

La sana autoestima, en cambio, nos brinda libertad y paz interior, no importa el drama, la lucha o el efecto que nuestros actos produzcan en los demás. ¿Les suena egoísta? Piensen en la última vez que se vieron forzados a acceder a hacer algo que no deseaban hacer por compromiso. ¿Qué hubiera pasado si se negaran? Seguramente hubieran provocado alguna molestia pero ¿vale la pena sacrificar tu vida por complacer a los demás?

Eliminando los compromisos obvios que se derivan de la responsabilidad de decisiones anteriores importantes, como cuidar a los hijos pequeños, por ejemplo, los invito esta semana a compartir mi recién adquirida conciencia de apreciar el tiempo que destino a las diferentes actividades que realizo. Para empezar, no pienso terminar de leer libros malos ni de ver películas aburridas o escuchar conversaciones que me contaminen. Cada minuto es único y no vuelve, intentemos no conformarnos con vivirlo “casi bien”.

Esta semana, en la que empiezo el año de buscar la paz, agradezco lo que he aprendido a apreciar, incluyendo a mí misma.

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2 Comments

  1. De acuerdo! Buscar Paz en nuestro interior es una experiencia única, y esta viene cuando hacemos las cosas con total libertad,” porque se me da la gana”
    Un abrazo grande por tu cumpleaños

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