La Buena Postura

Buena Postura 2

Todos hemos oído hablar sobre el lenguaje no verbal, sin embargo, la postura de nuestro cuerpo no solamente le habla a los demás sobre nosotros, sino que también le comunica a nuestro propio cerebro quiénes somos y cómo estamos.

Blaine Bartlett, famoso coach profesional y autor del libro “Three Dimensional Coaching”  asegura incluso, que en la cabeza está solamente nuestro cerebro, pero nuestra mente está en todo el cuerpo y continuamente nos trasmite información.

La manera como esto funciona es dual: primero nuestro cerebro le trasmite a nuestro cuerpo el mensaje de que estamos tristes y después, nuestra postura se modifica. Posteriormente, si caminamos con los hombros caídos, nuestra mente corporal le refuerza a nuestro cerebro el mismo mensaje. El Dr. Richard Petty de la Universidad Estatal de Ohio lo resume así: “De la misma manera como la felicidad produce sonrisas, sonreír produce felicidad.”

En un estudio publicado en la Revista Europea de Psicología Social, el Dr. Petty y sus colegas estudiaron el efecto de la postura en 71 estudiantes y descubrieron, entre otras cosas, que tener una postura recta produce mayor seguridad en sí mismo y facilita el acceso a recuerdos y emociones positivas. Lo contrario sucede con una postura encorvada: dudas y recuerdos negativos.

A esta misma conclusión llegó Amy Cuddy de la Universidad de Harvard y su equipo de investigadores, pero lo más sorprendente es que se dieron cuenta de que apenas unos minutos en una postura determinada, hacían la diferencia. Ella midió la hormona de testosterona, responsable de la sensación de fuerza o poder, en un grupo de personas y después les pidió que adoptaran una postura de poder o una postura de sumisión por aproximadamente dos minutos. Posteriormente, les midió de nuevo la hormona y descubrió que ésta aumentaba en quienes habían asumido las poses de poder o fuerza. Como consecuencia, dichas personas se sentían más confiadas, con más suerte y más positivas sobre los resultados de sus acciones. ¿No les parece increíble?

La doctora Cuddy, asegura que tomar una pose de poder o fuerza, por ejemplo la de la Mujer Maravilla, antes de tomar un examen o hablar en público, puede mejorar nuestros resultados. Además, ha llegado a demostrar que las posturas transforman a la persona, es decir, aunque al principio sea necesario fingir una seguridad que no se siente, nuestro cuerpo va transformando la manera como nuestro cerebro mismo nos ve y llegaremos a sentir esa confianza con el paso del tiempo.

Los resultados de estos estudios no solamente nos invitan a tener una mejor postura, sino a ser más conscientes y a utilizarla para mejorar nuestras vidas. Si queremos ser, por ejemplo, más seguros de nosotros mismos, caminar erguidos y mirando al frente envía a nuestro cerebro mensajes que van transformando nuestro temor en confianza. De la misma forma, si queremos ser más femeninas, empecemos por comportarnos de esa manera, y la transformación se dará poco a poco. Parece sencillo, ¿no?

¿Cómo quieres ser? ¿Qué quieres proyectar? Ahora, lograrlo está más cerca de ti.

¡Pon Atención!

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Silvia tiene los ojos hinchados permanentemente. La madre de tres hijos y abuela de una preciosa niña de ojos azules como el cielo, se sienta y saca automáticamente un pañuelo desechable de su bolsa revuelta. Se aprieta las manos y mirando al suelo con la espalda encogida me dice que su vida es una pesadilla. Al hablar, descubrimos que hay una persona en su vida que está viviendo una dificultad, pero que el resto de las personas y condiciones de su vida son mejores que el promedio. Sin embargo, lo bueno que sí tiene, es consumido por el hoyo negro de su preocupación.

Anita Moorjani, de quien hablo en un artículo anterior, hace un ejercicio interesante en sus conferencias: le pide a la audiencia que se fije y recuerde todos los objetos azules que hay en la sala en la que se encuentran. Después les pide que cierren los ojos y enumeren los objetos rojos que hay en la misma sala. La mayoría de la gente, por haberse enfocado en los azules, no puede recordar más de uno o dos, pero al abrir los ojos, se dan cuenta de que los objetos rojos eran abundantes.

Ella utiliza este ejercicio para demostrar que nuestra atención es selectiva y aquello en lo que la enfocamos configura nuestro mundo y nuestra realidad, esto es, nuestra experiencia de vida está definida por aquello a lo que elegimos poner atención. Pero esto no es novedad, John Milton ya dijo en el siglo XVI: “La mente es su propio lugar, y dentro de sí puede hacer un cielo del infierno y un infierno del cielo”.

En relación a este tema, Steven Yantis, neurocientífico de la Universidad Johns Hopkins, hace la siguiente pregunta al auditorio en sus conferencias: “¿Qué sensación te produce el respaldo de la silla en la espalda?” Hasta ese momento, nadie había reparado en ese estímulo táctil que, sin embargo, ha estado ahí todo el tiempo. Nuestro cerebro no lo enfoca en su atención hasta que hacemos el esfuerzo. Y cuando lo hacemos, “bajamos el volumen” de otros estímulos. Así es como funciona nuestra atención: aquello en lo que se enfoca hace que el resto de la experiencia se desdibuje.

Como podrán apreciar, esto sucedía en el caso de Silvia: toda su atención estaba en la percepción negativa que tenía de la situación de una persona importante en su vida. Como un primer paso a su cambio de actitud, la angustiada mujer hizo una lista de lo que podía y lo que no podía hacer por esa persona, dedicando bastante tiempo a evaluar en qué le correspondía a ella ayudar y en qué no. Después, eligió algunas acciones a realizar en favor de su ser querido.

Un segundo paso que decidió tomar, ya que se dio cuenta de su enfoque unilateral de su vida, fue dedicar unos minutos de cada día a apreciar y agradecer lo que le gustaba de su día a día y lo que estaba bien. Al principio, fueron cosas básicas como el techo y el alimento, después pudo reconocer el amor que su familia tenía por ella y la excelente labor que había hecho en la educación de sus hijos. Al final, logró agradecer las lecciones que la vida le había brindado, incluso de las vivencias difíciles.

Como pueden ver, este proceso no cambió la situación de quien sufría más que muy mínimamente, pero sí la de Silvia, pues encontró un balance en su vida que le permitió disfrutar lo mucho que estaba bien en ella y cuidar de sus seres queridos sin culpa y sin enfocar en ellos toda su atención. O como ella misma lo dijo: “me permitió vivir mi vida, pero completa.”

Pensamientos vs. Realidad

Pensamiento y realidad

¿Es cierto que nuestros pensamientos dictan nuestra realidad? Para mi rumboso equipo de escépticos va este artículo y esta invitación.

Les voy a platicar un interesantísimo experimento que realizó en el otoño de 1981 la doctora Ellen Langer con 8 hombres mayores de setenta años. A todos ellos los “encerró” por el lapso de una semana en un monasterio transformado en New Hampshire, EEUU.

La idea era realizar con ellos un “viaje al pasado” y desde que llegaron a la casa encontraron que todo conjuraba el año 1959. Los detalles fueron cuidados con atención: la música que escuchaban en la radio, los programas de televisión que veían, los libros y revistas en los libreros, la ropa que usaban, la decoración, la comida, las noticias y temas de conversación, todos eran adecuados a ese año. Además, se colgaron fotografías de ellos de los años cincuenta y se eliminaron todos los espejos.

Adicional al “escenario” del experimento, el personal de la casa comenzó a tratarlos, desde que llegaron, como si tuvieran la edad que tenían en esa época, evitando tratarlos como personas mayores y esperando que hicieran lo que en su juventud podían hacer como cargar su equipaje y participar en actividades diversas.

Los hombres gozaban de buena salud, pero tenían signos del paso de los años: principios de artritis y problemas de vista y movilidad entre otros.

El resultado de este estudio fue tan sorprendente que los investigadores tuvieron miedo de revelarlos ante el crítico mundo de la ciencia y fue hasta varios años después, cuando hubo otros estudios que obtuvieron respuestas similares que se atrevieron a mostrar lo que ellos habían notado en los participantes.

Aquellos que “viajaron al pasado” mostraron extraordinarios síntomas de rejuvenecimiento. Su presión arterial bajó dramáticamente, la flexibilidad de sus músculos se incrementó, mejoró su postura, su tono muscular, su vista y oído, así como su agilidad mental. La doctora Langer lo resumió así: “Los hombres creyeron ser más jóvenes y su cuerpo los siguió”.

Ya mucho se ha dicho de los efectos de la mente o los pensamientos en la salud del cuerpo y estos estudios lo demuestran de manera contundente. Pero ¿cómo podemos aplicar esto a nuestra vida y salud?

Como los ancianos internos en el pasado comprobaron, visualizarnos de cierta manera provoca que nuestro organismo responda y se convierta en aquello que imaginamos. ¿Se dan cuenta de lo que esto significa? Visualizarnos sanos, mueve a nuestro organismo hacia la salud igual que visualizarnos enfermos lo hace. De igual forma, visualizarnos felices y plenos nos dirige hacia esa realidad.

Y ¿en qué consiste eso de visualizar? No hay que confundirnos con imaginar ya que es algo mucho más poderoso. Consiste en vivir eso que vemos, esto es, por un lapso de tiempo determinado, hacer el ejercicio de sentir, ver, pensar y creer esa realidad que queremos. Visualizar es convencernos de que esa realidad existe y es en este momento e incluso disfrutar y agradecer eso que tanto ansiábamos que llegara con la certeza de que ya es.

Le parecerá a mi equipo de escépticos un juego de niños, pero ahora la ciencia me brinda fundamentos interesantes y palpables.

Si ahora resulta que hasta el envejecimiento es un estado mental, yo además les pregunto: ¿qué tienen que perder? ¡Hagan la prueba!

No Hay Solución

No hay solución

El título de este artículo es fuerte, pero así debe ser. No es para quienes batallamos con alguna situación difícil en este momento, porque para eso siempre hay soluciones y opciones; esta frase es para quienes pretenden solucionar problemas o conflictos de otros y quisiera que la recibieran tan fuerte como suena: No Hay Solución.

¿Por qué quiero decir esto? Porque ya son demasiadas las personas que encuentro destrozadas, con el ánimo por los suelos y la autoestima arrastrándose un par de pasos detrás; porque ya he contado demasiados años desperdiciados y arañados de frustración y angustia; porque me duele su dolor y me entristece esa carrera sin fin que siguen a pesar de no obtener ni resultados ni agradecimiento y todo por querer solucionar asuntos que no les corresponden.

Cuando menciono la palabra codependencia, muchas personas me miran extrañadas. ¿Codependiente yo? ¿Pero, no es mi responsabilidad preocuparme por mis hijos/padres/pareja/amigos? ¿No es mi deber ayudar al que me necesita? Pues sí y no.

Por supuesto que hay que amar a los demás y darles lo mejor de nosotros mismos, pero no hay que confundir el amor con la dependencia afectiva. El amor empieza por uno mismo. La persona dependiente, en cambio, se olvida de sí mismo por ocuparse de otros. Relega sus sueños, sus ideas, sus valores y hasta sus necesidades por satisfacer los sueños, deseos, ideas y necesidades de otros. La tragedia es que pierde su vida en vano porque aquellos a quienes “ayudó” no agradecerán su intromisión en sus vidas.

La codependencia es aún un término e desarrollo y existen muchos psicólogos e investigadores que han contribuido a definirla. Emergió en 1979 en relación a las personas que vivían con un alcohólico o adicto, pero desde entonces ha ido cambiando. Melody Beaty en su libro “No más codependencia” define a las personas codependientes como “alguien que ha permitido que la conducta de otro le afecte y que está obsesionado con controlar dicha conducta”. Quienes hemos visto el efecto de este comportamiento, sabemos que es catastrófico y permea la vida entera de quien lo sufre.

Y ahora que ya sabemos qué es, ¿qué hacemos? Primero que nada, entender que las personas vamos por la vida tomando decisiones y eligiendo caminos que pueden parecer inadecuados o incómodos para algunos aun cuando para nosotros sean correctos. Tenemos el maravilloso derecho de hacerlo y además la obligación para con nosotros mismos. Claro, cometemos errores y corregimos el rumbo, pero eso no quiere decir que seamos incapaces, eso es simplemente vivir la vida.

El problema para muchos es la falta de confianza en las capacidades de ese otro a quien “quieren ayudar”. Confunden sus decisiones y consecuencias con mala fortuna. Lo cierto es que las personas aprendemos de esas consecuencias y, si se nos permite vivirlas, crecemos y adquirimos sabiduría para decidir mejor. Si, por otro lado, encontramos la manera de evitarlas, como humanamente intentaremos, entonces desgraciadamente, volvemos al primer cuadrito del juego y volvemos a empezar.

El primer paso para salir de la codependencia entonces, es confiar en la capacidad del otro y permitirle vivir su vida y sus consecuencias. Para poder lograr esto, sin embargo, necesitaremos tener la fortaleza que sólo el amor a nosotros mismos nos puede dar, esa es la palanca que nos permitirá saltar a la independencia emocional.

Mi invitación para esta semana es a hacer algo para aumentar la valoración personal y el amor propio. Haz algo que disfrutes, lee un libro, da un paseo en la naturaleza y respira profundo, reúnete con un amigo o amiga, siéntate a recordar tus sueños y elige uno para trabajar en él este año, inscríbete a un curso interesante, ve a terapia, únete a un grupo de ayuda… las opciones son infinitas. Cada paso que des para aumentar tu autoestima, por pequeño que sea, es un paso a tu libertad emocional y a tu felicidad.

Pero les digo algo más: si eligen seguir sufriendo y prefieren continuar sacrificando su vida por otros, respeto su decisión. Yo sí confío en ustedes.

Para Ser Felices

Para ser felices  Todos queremos ser felices. Esto es una realidad, pero además es también ahora la directriz más importante de gran parte de los estudiosos de psicología y sociología en el mundo. Las principales universidades de Estados Unidos y Europa cuentan ya con centros de investigación dedicados a analizar qué nos hace más felices, qué nos motiva, qué despierta nuestra creatividad y qué favorece mejores ambientes de trabajo o familiares, entre muchos otros temas relacionados.

El mejor ejemplo de esto es la doctora Sonja Lyubomirsky de la universidad de California, mejor conocida como “la reina de la felicidad”, quien ha dedicado su vida al tema y ha logrado probar científicamente lo que la filosofía ya nos decía: que nuestra felicidad depende de nuestra genética en un 50%, de nuestras circunstancias en sólo un 10% y el 40% restante depende de nuestra actitud y visión del mundo.

Lo que estos estudios demuestran es que nuestro nivel de felicidad puede ser modificado por hábitos de conducta que nos proporcionen una perspectiva más sana sobre nuestra vida. ¿Cuáles son esos hábitos? Pues aquí les presento cinco de ellos que pueden empezar a aplicar en su vida hoy mismo si quieren ser más felices el día de mañana:

1. Desarrolla tu capacidad de asombro

Cosas sorprendentes suceden en el mundo cada instante. El haber visto tantas imágenes como las que estamos expuestas cada día mediante la tecnología nos ha hecho inmunes al asombro, sin embargo, esa actitud es inspiradora y nos mueve a reconocer la enorme riqueza y belleza que nos rodea. Intentemos contemplar el mundo con ojos de niños y dediquemos tiempo a disfrutar de las maravillas que hay en la naturaleza. Apreciar la delicada simetría de una flor o la variedad de tonos de un atardecer seguramente nos hará sentir asombro y una gratitud restauradora.

2. Socializa y cuida a tus amigos

Aunque aislarte es una reacción usual cuando te sientes triste, los estudios demuestran que es lo peor que puedes hacer. Aunque sea forzado al principio, intenta salir y socializar con tus amigos o seres queridos puesto que eso aleja la depresión y te aporta emociones positivas que incrementan tu bienestar.

3. Toma responsabilidad por tu vida

Lo malo de culpar a otros o a circunstancias externas de cómo nos sentimos es que estamos cediendo el control de nuestra vida y eso es incompatible con la felicidad. Para ser felices necesitamos tomar las riendas de nuestras emociones y trabajar en ellas para transformarlas en lo que queramos que sean.

4. Evita quejas y críticas

Quejarse o criticar parecen ser dos pasatiempos comunes, pero en realidad son trampas de arena para nuestra felicidad. Criticamos a otros para sentirnos mejor sobre lo que somos o hacemos, pero al final esa actitud nos convierte en personas exigentes y amargadas. Por otro lado, al quejarnos reafirmamos lo negativo que hay en nuestra vida y alejamos lo positivo que también existe, además de alejar a los demás porque a nadie le gusta escuchar quejas todo el día.

5. No vivas de tu imagen

Tratar de impresionar a otros nos resta felicidad porque, aunque lo consigamos, no lograremos lo que realmente queremos, que es ser amadas por quienes somos en el fondo. Hay docenas de estudios que demuestran que los bienes materiales no te hacen más feliz y otros tantos que han demostrado que las redes sociales producen ansiedad y estés porque nos ofrecen una realidad fantasiosa que solemos comparar desfavorablemente con la nuestra. Si queremos ser más felices, hay que dejar valorar sólo el exterior y empezar a darle peso a lo que hay detrás de la imagen.

La conclusión  es que no podemos cambiar nuestros genes ni podemos siempre modificar nuestras circunstancias externas, pero lo que si podemos cambiar, nuestra actitud y visión del mundo, es suficiente para que logremos lo que anhelamos en la vida: ser felices.

¿Y quién se supone que soy yo?

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Me platicó una amiga que su hijo de cinco años estaba molestando a otros niños en el colegio. Para ayudarlo a entender las consecuencias negativas de su conducta, le contó un cuento de un conejo que molestaba a otros animales del bosque. Al terminar la narración, sin embargo, su hijo la miró fijamente a los ojos y le preguntó: “Mami, ¿y quién se supone que soy yo?”

Yo me doy cuenta de que esto nos pasa también a los no tan niños. Tenemos alguna dificultad con algo o alguien y, al observar la situación nos miramos en total confusión y no logramos entender nuestra participación en el asunto. Usualmente pensamos que los otros son los únicos responsables de un problema, pero aun cuando estemos dispuestos a aceptar nuestra parte, nos cuesta verla.

Aquí es donde aplica tomar una cucharada del amargo pero liberador jarabe del autoconocimiento. Amargo porque a veces es doloroso encontrar algo en nosotros mismos que no nos gustaría ser o tener; pero liberador porque sólo si lo vemos, podemos cambiarlo. El autoconocimiento me parece esencial para todos los que queremos vivir mejor e incluso la OMS lo considera como una de las diez herramientas esenciales para la vida.

¿Por dónde empezar? Jorge Bucay tiene un maravilloso cuento llamado ¿Quién eres? que publico esta semana en el blog y que puede ayudarnos a empezar a pensar, pero además aquí les comparto tres herramientas muy útiles para lograr tener una visión más completa de quiénes somos:

1. Escribir

Este ejercicio consiste en tomar una hoja y un lápiz y empezar a escribir todas las descripciones sobre ustedes que se les ocurran. También escriban sus gustos, sus valores, sus creencias, sus sueños, sus emociones, sus deseos, sus miedos y todo lo que les venga a la cabeza sobre ustedes mismos. Tómense su tiempo y háganlo despacio.

Después de unos días, revisen la lista y perciban cómo se sienten con ella. Recuerden que esto es personal y consideren sólo sus propios sentimientos y opiniones, no las de otros. ¿Qué les gusta? ¿Qué les incomoda? ¿Qué quisieran cambiar? Al hacer conciencia de algo que quisiéramos hacer diferente, podemos hacer un plan de acción para lograrlo.

2. Hablar

Elijan a alguien de su confianza y compartan con ellos su lista. Pídanle que les dé una retroalimentación sincera de lo que ellos piensan y si agregarían o cambiarían algo de ella. Intenten estar abiertos a los comentarios, aunque no estén de acuerdo y tomen nota de lo que les resulte interesante. Independientemente de que les guste o no lo que escuchen, reciban esta experiencia como una oportunidad de saber más sobre ustedes mismos y agradézcanlo. Después, decidan si algo de lo que escucharon también los mueve a tomar alguna acción de cambio.

3. Mirar

Este ejercicio es más profundo y a mucha gente le puede resultar incómodo, sin embargo, es muy poderoso y los animo a hacerlo, aunque les tome varios intentos. Consiste en elegir un momento tranquilo y un espejo frente al que puedan estar a solas y relajados y simplemente mirarse a los ojos por un rato.

Después de un tiempo, si se miran a los ojos fijamente, puede ser que sientan una conexión muy importante con ese reflejo de ustedes mismos que los observa. Se podrán dar cuenta de quiénes son y sentirán como si encontraran a un amigo perdido, alguien a quien aman y con quien se sienten muy bien. Eso los ayudará a valorarse más y fortalecerá su autoestima de manera que sientan mayor fuerza para seguir conociéndose y creciendo.

Hay una importante advertencia antes de empezar: estos ejercicios son para valorarnos y para apreciar más quienes somos, son para sumar recursos y ampliar nuestra mirada. Si les cuesta trabajo ver lo positivo, si creen que tienen baja autoestima o si empiezan a sentir angustia, es mejor hacerlos acompañado de alguien con una visión más objetiva.

Y ahora sí, ¡a empezar!

Las 5 Lecciones que me dejó la Muerte

 

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Anita Moorjani es una mujer de complexión sólida y mirada dulce. A sus 57 años, celebra su vida como pocas personas porque asegura que ni siquiera debería de estar viva. De ascendencia hindú, aunque dejó la India poco después de nacer, Anita enfermó de cáncer linfático en el 2002 y, después de tratar métodos alternativos de sanación sin resultado, intentó los tradicionales con igual efecto.

En el 2006, la vida de esta mujer de tez morena pendía de un hilo: tenía tumores por todo el cuerpo, algunos del tamaño de limones, y los doctores le dijeron a su familia que estaba viviendo sus últimos momentos. Repentinamente, entró en coma y vivió una experiencia cercana a la muerte en la que experimentó su unión con todo y todos los que la rodeaban. De ella, despertó con una comprensión profunda de quién era y por qué tenía cáncer, además de entender que estaba curada. En efecto, dejó el hospital en tres semanas y en pocos meses gozaba de un estado de salud perfecto.

De su extraordinaria experiencia, que pueden leer completa en su libro “Morir para ser yo” (Dying to be me), ella rescata cinco aprendizajes principales que quisiera compartir con ustedes esta semana, esperando que, al hacerlos vida, no sólo evitemos enfermedades, sino que logremos vivir con mayor plenitud.

1- Lo más importante es el amor

De acuerdo a la consultora hindú, es en el amor en el que hay que poner toda nuestra atención. Y no se trata sólo del amor a los demás sino sobre todo a uno mismo. Anita afirma que una de las razones por las que ella padeció de cáncer fue porque no se amaba ni valoraba a sí misma. “El amor propio” – comenta- “afecta nuestra manera de relacionarnos con los demás e impide que permitamos malos tratos de otros o de nosotros mismos.”

2- Hay que vivir sin miedo

La mayoría de nosotros crecemos en una dieta de miedo, afirma la oradora internacional, y asegura que ella tenía miedo de todo: del cáncer, de la alimentación inadecuada, de no gustar a los demás, del fracaso, etc. “Pensamos que el miedo nos protege”- agrega- “cuando sólo el amor puede hacer eso, porque cuando nos amamos y amamos a otros, nos cuidamos y los cuidamos también a ellos.”

3- Hay que darle importancia al humor y la alegría en nuestras vidas

Reír es más importante que cualquier otra actividad espiritual, afirma la señora Moorjani, y nos recuerda que de niños lo hacíamos todo el tiempo, pero con el paso de los años lo vamos dejando atrás como si no fuera algo esencial. En su libro, ella nos invita a encontrar el gozo en lo que hacemos y la alegría de cada día como una forma de terapia para nuestra salud física, psicológica y espiritual.

4- La vida es un regalo

La mayoría de nosotros, vivimos la vida como si fuera un trabajo o un deber, comenta Anita, cuando en realidad es un regalo y así es como hay que verlo. “A mí me costó casi perder la vida aprender eso”- agrega- “y no quiero que a otros les pase igual”. Incluso asegura que las dificultades también son regalos porque nos traen enseñanzas como le pasó a ella con su experiencia de enfermedad, “yo pensé que el cáncer me estaba matando, pero en realidad me estaba matando yo misma antes que el cáncer, el cáncer me salvó la vida.”

5- Se tú mismo

Darnos cuenta de quiénes somos, aceptarnos y ser aquello para lo que fuimos creados es la mayor realización que podemos encontrar. En esta última lección, Anita nos anima a tener valor para ser únicos y para vivir auténticamente nuestra vida.

La invitación de Anita Moorjani con su testimonio es a vivir sin miedo y a ser y amar quienes somos. La mía es a preguntarte ¿A qué le tienes miedo hoy? ¿Qué harías diferente en tu vida si no tuvieras ese miedo? Y probar…

 

¿No te gusta obedecer?

Obedecer

Desde la página 58 supe que no iba a ser un buen libro. Era muy técnico, despersonalizado y redundante. Sin embargo, llegué hasta la página 162 antes de dejarlo. Y entonces me di cuenta del patrón.

Hace apenas una semana, una señora me estaba platicando de lo enojada que estaba consigo misma por ser tan obediente: cuando alguien le decía lo que debía hacer, lo hacía sin preguntar. En caso contrario, sentía una culpa terrible y usualmente terminaba de todas formas haciéndolo. Recordaba algo desesperada que, en su infancia, seguía las instrucciones de sus padres sin chistar. Más adelante, empezó a obedecer a su marido y ahora, sentía mucho enojo porque se daba cuenta de que estaba siguiendo las órdenes de sus hijos y de la sociedad aún en contra de su buen juicio.

Lo extraño es que, cuando la escuchaba, no me sentí identificada. Yo siempre me he considerado una persona más bien rebelde y cuestionadora. Pero ¿qué es lo que me hace leer 104 páginas de un mal libro por el simple hecho de haberlo empezado? Lo mismo que me hace terminar de ver una película que no me gusta o acabarme un platillo regular en un restaurante: la idea de que si ya lo pedí/compré/empecé, lo tengo que terminar porque en mi cabeza se escucha una vocecita aguda que me dice ” ahora te aguantas”… y a esa es a la que yo obedezco sin darme cuenta.

Como he contado antes, cada año suelo dedicarlo a algún aprendizaje específico. Este, mi año de vida número 50 lo dediqué a aprender a apreciar. Apreciar lo que la vida me ha dado durante 365 días ha sido un ejercicio sumamente enriquecedor e invaluable que les resumiré en otro momento, pero hoy, el penúltimo día de mi año dedicado a apreciar, agradezco esta lección final que recibo: el ejercicio de apreciar no está completo si no logro apreciarme a mí misma.

El asunto es que todos pensamos que tenemos autoaceptación y autovaloración positivas, pero de pronto nos enganchamos cuando alguien nos rechaza o sacrificamos nuestro precioso tiempo en algo que no queremos hacer, por mencionar sólo dos ejemplos, y esas son claras señales que indican lo contrario.

La sana autoestima, en cambio, nos brinda libertad y paz interior, no importa el drama, la lucha o el efecto que nuestros actos produzcan en los demás. ¿Les suena egoísta? Piensen en la última vez que se vieron forzados a acceder a hacer algo que no deseaban hacer por compromiso. ¿Qué hubiera pasado si se negaran? Seguramente hubieran provocado alguna molestia pero ¿vale la pena sacrificar tu vida por complacer a los demás?

Eliminando los compromisos obvios que se derivan de la responsabilidad de decisiones anteriores importantes, como cuidar a los hijos pequeños, por ejemplo, los invito esta semana a compartir mi recién adquirida conciencia de apreciar el tiempo que destino a las diferentes actividades que realizo. Para empezar, no pienso terminar de leer libros malos ni de ver películas aburridas o escuchar conversaciones que me contaminen. Cada minuto es único y no vuelve, intentemos no conformarnos con vivirlo “casi bien”.

Esta semana, en la que empiezo el año de buscar la paz, agradezco lo que he aprendido a apreciar, incluyendo a mí misma.

9 Secretos de las Personas que Trasmiten Energía Positiva

energia positiva 3 Por: María José Miñambres

 Hay personas especiales en el mundo que transmiten energía positiva, una energía especial que les hace brillar y que los demás perciben y aprecian porque les hace sentir bien y positivos.

¿Qué es lo que hacen las personas que realmente transmiten energía positiva?

1. Sonríen

Y no sonríen porque sea una forma de educación, sonríen porque no pueden evitarlo y prácticamente la sonrisa se les sale de la cara. Las “neuronas espejo” hacen que tendamos a reproducir a nivel mental lo que hace la persona que tenemos delante de nosotros y, por lo tanto, cuando estamos con estas personas sonrientes, también nosotros empezamos a sonreír.

2. Están donde han decidido estar en ese momento de la vida.

Hay estudios que afirman que la felicidad es proporcional a la sensación de control que tienes sobre tu vida, lo que quiere decir es que si has decidido tú estar ahí haciendo eso que quieres y donde quieres, aumenta tu felicidad exponencialmente.

3. Cuidan su cuerpo y su mente

Uno de los grandes cambios de la humanidad en los últimos años ha sido el aumento de la esperanza de vida. Si vamos a vivir muchos años más, tenemos que aprender a “poner vida a los años”. Las personas que trasmiten energía positiva generan gran cantidad de endorfinas a partir del ejercicio físico, se cuidan y desarrollan hábitos saludables. Cuerpo sano, mente sana.

4. Cuando tienen un problema saben relativizar

Estas personas no se dejan sobrepasar por las situaciones complejas de la vida, tienden a mirar los problemas dentro de una perspectiva más amplia por lo que consiguen resolverlos más fácilmente y con menos carga emocional.

5. Se rodean de personas que, como ellos, trasmiten energía positiva.

A estas personas las encuentras rodeadas de personas positivas y que les hacen sonreír.

6. Mantienen su individualidad

Se consideran importantes y dedican tiempo a ellos mismos y a sus necesidades. Aunque a veces para otras personas puede parecer un comportamiento egoísta, es una de las necesidades que tenemos como seres humanos, el de ser independientes, individuales y ser reconocidos por ser especiales.

7. Dan alegría y amor a los demás

Se preocupan por cuidar a su familia, buscando el equilibrio entre su individualidad y la conexión con los demás. Otra de las necesidades como seres humanos, según el famoso coach Anthony Robbins basado en los trabajos de Maslow, es la necesidad de conexión y amor. Por lo que aunque sean personas que en un momento de sus vidas puedan parecer independientes o solitarios, buscan completarse a partir de dar a amor a una pareja y cuidar a los demás.

8. Crecen constantemente

Todo lo que no crece en la naturaleza ya sabemos cómo acaba: muere. A nivel mental, a nivel profesional, a nivel pareja, familia… hay muchas áreas para mejorar. Las personas que trasmiten energía positiva se preocupan por crecer, por mejorar y para ello leen, hacen cursos, viven diferentes realidades, hablan con gente que les estimule y son aprendices toda su vida.

9. Aprovechan las oportunidades que les brinda la vida

Son receptivos y la mayoría de las cosas que viven lo hacen como una oportunidad y con la apertura y flexibilidad para reconocer a las personas y a las oportunidades en su camino. No se dejan vencer por los obstáculos que hay en su camino, en vez de eso ven soluciones, oportunidades, se mantienen optimistas y disfrutan de todos los momentos que les da la vida.

Artículo original:  http://entrenandoapapas.blogspot.mx

Amor del Bueno

Amor del Bueno

¿Les ha pasado que escuchan algo o aprenden sobre un tema y de pronto lo ven en todas partes? Algunos definen este fenómeno como Ilusión de Frecuencia y ha sido estudiado por psicólogos y sociólogos durante años. Otros estudiosos, sin embargo, le llaman “sincronías” y se refieren a repeticiones de un mensaje que la vida intenta enseñarte en ese momento.

Sea una u otra explicación, lo cierto es que, desde hace varios meses, esto me ha ocurrido con el tema del amor propio. Ese tema que suena tan vano, tan superficial y tan conocido que ya lo damos por hecho, es mucho más profundo de lo que yo antes creía y afecta nuestra vida en todas las maneras importantes. ¿Qué significa realmente amarse a sí mismo?

Esta semana, una persona me hablaba de la enfermedad de su madre y de cómo la conmovía verla postrada en cama tan vulnerable. Después de hablar un rato de la inminencia de la muerte que se sospechaba, hizo una pausa y luego, casi de repente, me hizo esta pregunta: ¿y ahora quién me va a querer?

Sus palabras parecieron caer a un abismo y nos quedamos viendo en silencio.

Víctor Frankl, creador de la Logoterapia, afirma que el sentido de nuestra vida debe estar en algo no perecedero, porque si ponemos el sentido de todo lo que somos y hacemos en una persona, una cosa o una situación determinada, estaremos condenados a perderlo. Las circunstancias de la vida son tan cambiantes que no podrían sostener el peso de la razón de nuestra existencia.

Incluso Frankl cuenta de personas que vivieron con él la terrible experiencia de los campos de concentración y no sobrevivieron porque ponían el sentido de su vida en alguna persona o acontecimiento como, por ejemplo, encontrar a algún familiar. Cuando se enteraban que éste había muerto, perdían toda fuerza y fallecían a los pocos días.

Pienso que con el amor propio pasa algo parecido. Sin duda los padres son un referente personal importantísimo y, para muchos, el más claro ejemplo de la aceptación incondicional; pero si ponemos en ellos el único amor que puede sostenernos, la vida nos lo quitará. Si ellos o son nuestra única fuente de amor incondicional, la perderemos y lo mismo sucederá si dependemos emocionalmente de cualquier otra persona.

La alternativa a esto es desarrollar un sano amor propio. El problema es que solemos ser muy exigentes para amarnos porque nos comparamos con los rasgos sobresalientes de otros a quienes admiramos. Usualmente no vemos la película completa de la vida de una persona exitosa o muy bella, sólo vemos su rasgo envidiable y nos juzgamos contra éste. Como consecuencia, queremos tener todas las cualidades admirables de los demás y ninguno de sus defectos, lo cual es imposible y nos hace sentirnos poco dignos de amor.

En este mes de febrero, en el que vemos corazones rojos por todas partes, que bueno será que le dediquemos un poco de tiempo a revisar cómo andamos en el único amor que puede sostenernos siempre y la fuente de nuestra capacidad de amar a los demás: el amor que nos tenemos a nosotros mismos. ¡Se vale enamorarse!