Todo Cambia

Todo Cambia 2

Tengo en mi recién estrenado estudio, dos globos terráqueos. Uno es nuevo y el otro es de los años sesentas. En el nuevo aparecen países como Bangladesh y Pakistán, pero en el antiguo no están. Si además revisara un globo terráqueo de hace cien años, también habría cambios importantes en el mundo, países como Latvia y Estonia aparecieron apenas en 1918; y aún si me fuera más atrás, la imagen del mundo ni siquiera sería un globo.

Como amante de la historia universal, eso me parece muy interesante; pero como estudiante del ser humano y de su conducta, me lo parece aún más, porque si algo tan definitivo como nos parecería que es el globo terráqueo puede modificarse tanto y de forma tan continua a través del tiempo ¿cómo podríamos pensar que el ser humano no puede cambiar?

Cada vez que conquistamos una nueva meta, cada ocasión en la que le ganamos territorio al miedo, cada vez que nos atrevemos a tomar el control de nuestros sentimientos, siempre que nos lanzamos a hablar con la verdad y cada momento que comprendemos profundamente a otro ser humano y su circunstancia, por dar sólo algunos ejemplos, el territorio de nuestra conciencia, lo que delimita quiénes somos en realidad, se amplía, crece y se modifica.

Incluso nuestro territorio físico, nuestro cuerpo, cambia por diferentes circunstancias. De acuerdo a los estudios realizados por Lise Bourbeau y expuestos en su libro “Las cinco heridas que impiden ser uno mismo”, el campo morfológico del cuerpo humano se desarrolla de diferente manera de acuerdo a las heridas emocionales que tiene puesto que éstas, afectan la química de nuestro organismo y su composición. Lo asombroso es que, si la persona se da a la tarea de trabajar y sanar esas heridas, el cuerpo se modifica de nuevo.

Todo esto hace que, la posibilidad de que alguien diga “yo soy así” sea imposible para mí: una completa ilusión. No es que seamos cambiantes como el mundo, ¡es que somos el universo entero en continuo movimiento y transformación!

Tomen una foto de ustedes de hace veinte años, contémplenla bien y piensen ¿quiénes eran ustedes en esa foto? ¿En qué creían? ¿Cómo se sentían? ¿Qué defendían? ¿Qué les daba seguridad? Después, contemplen una foto reciente y piensen quiénes son ahora y en qué creen ahora y encuentren cómo se diferencian de ese territorio que ocuparon en la vida hace veinte años. Si les gusta lo que descubren, si están contentos con su forma de gobierno y libertad interiores, los felicito. Si no, también los felicito, porque darse cuenta es siempre causa de celebración. Y si hemos cambiado tanto en veinte años, y a veces sin darnos siquiera cuenta, los cambios que podemos lograr si nos lo proponemos son aún mayores.

Me gusta conservar estos globos terráqueos, aunque uno no sea ya preciso, porque son para mí un recordatorio de que nada es para siempre. Cuando las circunstancias de la vida nos hagan movernos, busquemos ampliar nuestras fronteras para incluir el nuevo mundo que la vida nos invita a conquistar. ¡Tierra a la vista!

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