Realidad y realización: ¡La vida no es justa!

No es justo 2

La vida no es justa.  Eso es una gran verdad. Es más, la considero una de las grandes verdades de la vida y tan importante que solamente cuando logramos aceptarla, podemos trascenderla.

Tu, yo y todos nos hemos quedado en algún momento paralizados por la ira o el rencor ante alguna circunstancia dolorosa de la vida porque no entendemos cómo nos pudo haber pasado lo que nos pasó. Una y otra vez escucho gente en mis grupos pronunciar la misma frase: “¡No es justo!” Y seguramente tienen razón.

Algo interesante que he notado es que la frase que comúnmente acompaña a la anterior es: “Yo hice todo lo mejor que pude”  y probablemente también tengan en esto razón. Sin embargo, la frase implica que los demás no hicieron lo mismo y ahí es donde “los demás”, y aquí incluyo a Dios y al destino, seguramente estarían en desacuerdo. El pasto se ve siempre más verde detrás de la cerca… tomemos un ejemplo:

Ana María se acercó conmigo un día al borde del llanto. Con visible angustia me comentó que se siente desesperada porque su familia está cada vez más separada. Me dice que lo notó especialmente este sábado porque me vio comiendo fuera con mi propia familia y al verme, pensó: “¿Por qué no podré yo tener una familia perfecta y unida como la de Martha? ¡No es justo!”  y al decir esto sollozó. Ningún entrenamiento de escucha empática me funcionó en ese momento y tuve que soltar una fuerte carcajada.

Mi perfecta familia es una ilusión igual que todas las perfectas familias del mundo, ojalá lo entendiéramos de una vez por todas. Sufrir porque no tenemos una vida perfecta es como sufrir porque no tenemos un unicornio morado: una locura. Aunque es cierto que hay personas que tienen algo muy bueno, les aseguro que no ha sido gratis y que también tienen algo muy malo que les preocupa. Lo repito: no hay vidas perfectas, supérenlo.

Reconocer que la vida no es justa para nadie (e irónicamente de esa manera pareja con todos) es el primer paso a la asimilación de la lección que el momento difícil trae para cada uno de nosotros en algún momento. Diferentes autores proponen además, una variedad de técnicas o herramientas que permiten vivir el dolor de forma constructiva.

El doctor Scott Peck en su libro “El camino menos transitado”  propone practicar la disciplina y sus cuatro componentes: gratificación retardada, aceptación de la responsabilidad, dedicación a la verdad y el balance entre éstas cuatro como un método que nos permite tener bases sólidas que puedan sostenernos e incluso elevarnos en un momento difícil. Lo más interesante que el autor propone, sin embargo, es lo más difícil: en cada dificultad que la vida te presenta hay una opción de cambio y crecimiento, pero para lograr hacer eso, hay que atrevernos a renunciar a nuestras viejas creencias. Esta renuncia puede ser sumamente dolorosa y difícil y en muchos casos es el motivo de que no queramos o podamos cambiar. Para Ana María, por ejemplo, la idea de que su hijo estudie y se dedique a la música le rompe algunos importantes esquemas mentales y eso la he hecho acumular rencor y enojo. Trabajar en sus creencias puede liberarla y contribuir a su relación con su hijo.

Por su parte, Ignacio Larrañaga en su libro “El arte de ser feliz” ofrece un consejo más simple: tomar diariamente dos cucharadas de realidad y dejar de lado los ensueños e ilusiones para avanzar a la serenidad. Para rematar agrega: “Esta es la manera concreta de eludir la frustración y la decepción: saber aceptar serenamente que tu capacidad intelectual es más limitada que tu deseo de triunfar, que tu felicidad conyugal o éxito profesional pueden fallar, que no siempre serás aceptado en tu sociedad, que no te faltarán enemigos y no siempre por tu culpa, que tu influencia será relativa en el grupo que lideras. Acepta de antemano todo esto y tus energías no se quemarán inútilmente.”  Sabiduría pura, si me lo preguntan.

Lo que más daño le estaba haciendo a Ana María era su idea de que haber fracasado en su misión de hacer una familia “perfecta y unida”, cuando pudo aterrizar en la realidad de que las familias estamos formadas por seres humanos imperfectos y además con una misión individual, respiró muy profundo y después, ella misma pudo reír conmigo un rato.

Y a ti, ¿cómo te va con esto?

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