¡Eres Otra Persona!

mujer de compras

La vi en aquella tienda llena de gente y la saludé a lo lejos, pero ya no pude apartar mi mirada de ella, porque de inmediato noté pasmada que se dirigía hacia mí con paso rápido, firme y decidido. Tuve la sensación de estar observando a un halcón volar hacia a su presa y me acerqué a la persona que me precedía en la fila sin darme cuenta, como para protegerme.

– ¡Martha! – fue su saludo entusiasta- ¡Pero si eres otra persona!

Mi mente permaneció en blanco por cuatro segundos exactos.

– ¡Estas flaquísima mujer! ¿Cómo le hiciste? Yo estoy probando con un doctor nuevo que te da un tratamiento de una…

¿Otra persona? – pensé- ¿bajar tres kilos pueden hacerme otra persona? ¡Cuántos años y dinero gasta el mundo tan equivocadamente en terapia! ¡Cuánta gente buscando la paz en grupos de apoyo y crecimiento a base de esfuerzo y autoconocimiento sin saber que el secreto es perder peso! ¡Cuántos alumnos en las aulas del Desarrollo Humano y tantos otros talleres similares perdiendo su tiempo en lugar de simplemente cambiar sus hábitos alimenticios!

– … verdad?- dijo al hacer una pausa para tomar aire. Me miró, y por un momento pensé horrorizada que tendría que contestar, pero afortunadamente continuó diciendo: -Es lo que te digo, pero fíjate que Laura me contó que a ella le había…

Ella continuó su monólogo y yo el mío, en silencio: ¿En qué persona me habré convertido? ¿será que ya no me dan miedo los gatos? ¿o tal vez ya dejé de angustiarme por cosas que no están en mi control? ¿Sería ya por fin la mujer paciente y bondadosa que siempre he querido ser? A lo mejor ya no me exaspera la política nacional casi hasta el llanto… Con cuidado me toqué el cabello a ver si por suerte lo que me había cambiado era el pelo chino… eso sí hubiera sido buenísimo.

– … tu crees? – Me sorprendió de nuevo la pausa en su discurso y esta vez pensé confiada que seguiría hablando pero no: esperó mi respuesta y congeló su sonrisa.

– Em… pues… no sé… fue lo único que logré articular.

Se despidió de mi algo extrañada pero con el mismo aplomo de siempre y probablemente se fue pensando que mis neuronas también habían sufrido algo de adelgazamiento. Yo en cambio, salí de ahí contenta. No solamente logré en efecto bajar tres molestos kilos, sino que además sé que eso no me convierte en otra persona… y, a pesar de todo, lo celebro.

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4 Comments

  1. Alicia Quintanilla

    Buenísimo y que cierto!!! Felicidades

  2. Me gusta tu postura ante los verdaderos cambios

  3. Qué maravillosa reflexión , querida amiga !!

  4. Loved it!!!

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